Los bienes no traen felicidad.

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Es sabido que la búsqueda de la felicidad es un anhelo de todo hombre. Es que sentirse feliz es mágico, no solo en cuanto a lo que genera en uno, sino también en lo que transmitimos a los demás.

En los tiempos que corren el referido sentimiento se confunde con estatus social, objetos materiales y ciertos estereotipos de belleza, entre otras identificaciones del ego.

Hoy me referiré a porqué los bienes no nos traen felicidad.

El mercado nos vende la felicidad haciéndonos creer que cuanto más tenemos y más acumulamos, mejor nos sentiremos. Sin embargo, acumular y poseer más cosas no nos hace más felices, sino que nos predispone a ingresar en un círculo vicioso agobiante y estresante, ya que la búsqueda nunca termina, transformándose ésta en un estilo de vida dependiente y cansino.

Dependiente debido a que necesitamos de los objetos materiales para sentirnos bien, aunque sea por unos segundos. Y cansino porque literalmente vivimos para ello.

El psicólogo inglés Michael Eysenck utiliza el término adaptación hedónica a los efectos de explicar que el bienestar tras la obtención de un objeto material es efímero, ya que rápidamente nos acostumbramos a él, y saciado el deseo, buscamos nuevamente algo que nos genere placer y satisfacción. Comparando así al ser humano con un Hamster, corriendo en una rueda, sin llegar a ningún lado.

La verdadera felicidad se encuentra en el día a día, en el momento presente, disfrutando el instante absoluto y atemporal, con pasión por lo que hacemos. Es decir, se encuentra en nosotros.

No se encuentra en las cosas, de ser así se compraría, y estaría condicionada a estas.

Comprar una casa, un auto, o ropa no nos hace felices verdaderamente, ya que nos adaptamos fácilmente a los bienes materiales. Sin embargo, hay necesidades básicas como tener un lugar para pernoctar y poder alimentarnos que son necesarios para comenzar así la jornada con menos preocupaciones.  

Así también es importante convivir en un entorno amoroso y de energía positiva. Las neuronas espejo van a realizar un buen trabajo allí, así como también el hipocampo, encargado (entre tantas funciones) de analizar el entorno y hacer un juicio de valor bueno o malo, que genera inmediatamente emociones positivas o negativas, asociadas a pensamientos de igual índole.

Los minimalistas nos centramos en aquello que de verdad nos hace bien y nos importa, dejando de lado todo tipo de distracciones o problemas, todo bien material o inmaterial innecesario, relaciones tóxicas, compromisos, etc. Todo aquello que atente contra nuestras pasiones o creencias, lo dejamos fuera de nuestras vidas. Todo aquello que interrumpa el presente perfecto también lo dejamos de lado.

Generalmente, cuando compramos cosas, estamos llenando un vacío interno. Hacemos gastos innecesarios para sentirnos mejor, aunque todos sabemos que el placer obtenido es temporal.

¿Eso quiere decir que no tengamos cosas?

No. Solo tengamos aquellas cosas que de verdad sean necesarias para nosotros, y que no sean por ende superfluas o resultantes de deseos temporales, para así dedicarnos a aquello que nos hace felices.

Tener pocas cosas ayuda a que nos centremos en lo que de verdad nos gusta y/o apasiona, genera poder de ahorro económico, ayuda a mantener el orden en el lugar, además de ahorrar mucho tiempo en el mantenimiento de la casa. Los espacios despejados nos liberan del estrés y transmiten tranquilidad, paz y armonía. Genera un buen estado de ánimo, y humor.

Hideko Yamashita, a través del Dan-Sha-Ri (El primer libro minimalista que compré hace un poco más de tres años) nos invita a transitar “una intervención desde el mundo de lo visible hacia el mundo de lo invisible mediante el orden”.

Y explica que “para lograrlo son necesario tres cosas:

1.- Dan: Cerrar el paso a cosas innecesarias que tratan de entrar en nuestra vida.

2.- Sha: Tirar los trastos que inundan nuestras casas.

Resultado de estos dos actos llega un tercero:

3.- Ri: Un “yo” desapegado de las cosas que vive en un espacio sin restricciones, en un ambiente relajado”.

Hideko Yamashita – Dan-Sha-Ri: Ordena tu vida – Editorial Paidos – Páginas 14-15.

Por otro lado, y concomitantemente Fumio Sasaki expresa:

“Si lo piensas, no hay una sola persona que haya llegado a este mundo sosteniendo una posesión material en las manos.

Todo el mundo empezó siendo minimalista. Nuestro valor no es la suma de lo que poseemos. Las cosas solo pueden hacernos felices brevemente. Los objetos materiales innecesarios consumen nuestro tiempo, nuestra energía y nuestra libertad.”

Fumio Sasaki- Goodbye, things – Rocaeditorial – Página 37.

Desechemos todo aquello que no es necesario. Es así como podremos enfocarnos en la armonía y en la felicidad del tiempo presente, donde nada falta y nada distrae.

Si miras alrededor, muchas de las cosas que posees en algún momento te generaron placer. En el presente de seguro no te generen la misma emoción, o generándola no será de la misma magnitud.

Ahora piensa lo siguiente, si la felicidad dependiera de las cosas, los ricos serian 100% felices. Sin embargo, todos sabemos que la felicidad no tiene relación con la riqueza material, ya que el estrés, la depresión y la ansiedad no distinguen clases sociales.

Entonces, ¿Dónde está la felicidad?

En nuestro interior.

La felicidad se siente, es una emoción, que debemos cultivar día a día. Y no lo hablo sin conocimiento de causa, ya que en mi vida, pasé por la frustración varias veces, la tristeza como sentimiento constante, la ansiedad y la depresión como formas de vivir la vida. El auto sabotaje, los pensamientos negativos, la soledad, la adicción a los videos juegos para aislarme del mundo, entre otras situaciones y sentimientos, que en su conjunto condicionaron mi forma de ver la realidad. Es así, no siempre tuve el deseo de sentirme bien, y disfrutar por ende la vida.

Empero, a partir de que comencé a entender a la mente y a la vida por primera vez, descubrí que es posible vivir en armonía diariamente, creando así momentos de felicidad.

Deseo tengas un hermoso día :-).

La carrera infinita

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Cada uno de nosotros en particular fuimos entrenados para correr. Por ello, somos atletas.

Quizás pienses:

-Fabián ¿Cómo que soy un atleta?

Si, sos un correcaminos empedernido. Pero un coyote a la vez.

Corremos permanentemente detrás de aquello que deseamos, y huimos a su vez de aquello que detestamos. La cuestión es que por una u otra razón no dejamos de correr. La carrera tiene por fin llegar a la meta, ya sea obteniendo lo añorado o dejando atrás aquello que no queremos en nuestras vidas.

Es importante destacar que cuando corremos para satisfacer un deseo, a la vez lo hacemos para dejar atrás algo. La carrera es unidireccional siempre, aunque circular como las pistas de atletismo.

Comenzamos a correr desde muy jóvenes, la sociedad nos enseña a hacerlo. Corremos detrás de aquello que nos hace sentir mejor, ya sea un bien material o inmaterial, el “amor”,etc. Corremos para sentirnos mejor con nosotros mismos. Para ser aceptados. Para sentirnos seguros. Para impresionar al resto. Para satisfacer deseos. Para no enfrentar miedos. Para no sentirnos vulnerables. Para cumplir exigencias impuestas. Para sentirnos completos. Para no dejar de correr. Para olvidar. Para huir del pasado. Para alcanzar el futuro. Para volver al pasado y huir del futuro. Para llorar el presente. Para no respirar. Para escapar, para ser felices, Para…….

¡Pará! Seamos conscientes de que vivimos en piloto automático. Que corremos sin saberlo. La mente es una atleta profesional, nos nubla. Ni siquiera miramos para el costado la mayoría de las veces.

Hoy pensaba en lo paradójico de las carreras. El fin de las mismas es llegar a la meta. Para ello los atletas se preparan y entrenan. ¿Para qué? Para ganar. ¿Y qué hacen cuando ganan? Dejan de correr. ¡Se preparan para dejar de correr! Es paradójico, ¿no?

Se entrenan para volver al punto antes de salir: el no correr, pero para ello corren. Es que haber llegado a la meta implica dejar de correr.

Ahora imaginemos lo mismo, pero cuando llegamos a la meta, enseguida surge otra ¿te suena?, la carrera se vuelve infinita. En las maratones largas, los participantes son hidratados cada cierto tramo para no desfallecer, y poder seguir corriendo en condiciones. Cuando la carrera es infinita, no hay condición alguna.

En la maratón hay una meta final definida. En la vida que nos inculcaron vivir, la meta final parece no visualizarse, y si bien hidratarse cada cierto tiempo al principio ayuda, a la larga no dejar de correr es perjudicial.

¿A qué viene todo esto? Correr todo el tiempo implica no tomarse una pausa.

Parar es bueno. Lo necesitamos. Nos necesitamos. Vivimos en una sociedad que en general peca de egocéntrica. ¡Miremos a los costados!, ¡ayudemos a los demás!, ¡ayudémonos a nosotros mismos!

¿Cuánto tiempo en el día dedicamos a ayudar a alguien conocido o desconocido? Ayudar es hermoso. Produce bienestar y felicidad. Ser altruistas nos hace felices. No tengo dudas de que junto con la gratitud son la fórmula de la felicidad.

¿Eso quiere decir que no tenemos que tener metas? No. Tener objetivos en la vida es lo que nos mantiene vivos. Pero no corramos, disfrutemos del trayecto.

En lo que refiere a los objetivos o metas siempre recomiendo subdividir el trayecto en varias “mini-metas” que en su conjunto conllevan necesariamente a la meta u objetivo principal. ¿Para qué? Para evitar el frustramiento. A veces nos proponemos metas a largo plazo, y cuando pasa el tiempo sin conseguirlas muchas veces las dejamos de lado. En cambio, si nos proponemos mini objetivos, cada vez que logramos uno, disfrutamos del mismo, y juntamos fuerzas para seguir avanzando.

Es muy importante que cada vez que logremos un mini objetivo nos recompensemos. El recompensarse implica hacer algo que nos gusta, con la consciencia de que lo hacemos porque nos lo hemos ganado. Por ejemplo, comer un helado y pensar: “Este helado lo disfruto porque conseguí lo que me propuse. Es el premio por lograrlo.”

¿Por qué es efectiva la recompensa? Porque el inconsciente se alimenta de placer (si, es como un pac-man del placer), y si lo entrenamos para cumplir metas, sabiendo que por cada meta cumplida estará allí la recompensa, más disciplinados seremos en lograr objetivos. No solo el querer será consciente, será inconsciente también.

Volviendo al tema principal, es menester ser conscientes del presente, y detectar cuando la mente se va hacia el pasado o al futuro, o simplemente cuando se enreda en preocupaciones. La mente es una herramienta, por lo cual debemos utilizarla de la mejor forma posible. Ello generará mayor salud mental, y un poco de descanso a una actividad mental incesante.

A continuación, haré referencia a ciertas actividades que realizo en el día y que entiendo son necesarias para poder llevar a cabo los objetivos diarios (ya que a mí me dieron resultado), de forma más armoniosa, y saludable:

1- ) Meditación– La meditación es una herramienta muy poderosa, ya que no solo genera modificaciones biológicas en nuestro organismo, sino que produce también una profunda sensación de paz interior. Debido a que al principio no es fácil para la mente acostumbrarse a meditar (ya que se opone en forma rotunda a vivir el presente), aconsejo iniciar la práctica de a poco. Por ejemplo, 3 minutos por día la primera semana, 5 minutos la segunda, etc. En lo particular medito a la mañana para comenzar el día relajado, y también por la noche, antes de acostarme a los efectos de preparar la mente y el cuerpo para el descanso. 

2- ) Gratitud– Los minimalistas agradecemos por todo lo que tenemos, ya que solo poseemos lo necesario. Esto nos ayuda a ser agradecidos con todo. Una mente que no desea lo material constantemente abre las puertas al mundo exterior. Particularmente, agradezco una puesta del sol, despertarme con el ruido de los pájaros en la mañana, por los haces de luz que ingresan a través de la persiana del dormitorio al amanecer, por los amigos que tengo, por tener techo y comida a diario, por poder tener la posibilidad de ayudarme a mí y a terceros, entre otras muchas cosas.

3- ) Vivir el presente– Vivir el presente nos tranquiliza. Una mente acelerada que va y viene sin sentido, nos distrae y abruma. Personalmente busco momentos en el día donde solo me concentro en el aquí y ahora para reducir así el alboroto mental del pensamiento. Por ejemplo, realizo siempre el ejercicio mientras viajo al trabajo en ómnibus, como así también a la vuelta, de regreso a casa. Me concentro en el paisaje, las personas, disfruto el ahora. Si lo practican, verán generalmente a los pasajeros mirar el celular, estos atiborran así a su mente consumidora de nimiedades, con tal de no descansar. En definitiva, lo importante es buscar momentos en el día para darle descanso al pensamiento y disfrutar del ahora. Disminuyendo así las tensiones y maratones mentales improductivas e innecesarias.

4- ) Ejercicio físico– Es sabido que el cuerpo genera endorfinas (además de otras hormonas) al realizar actividades físicas. La endorfina es una hormona que cuando se libera en el sistema nervioso genera bienestar y alegría; disminuyendo por ende la sensación de dolor emocional. Por otro lado actúa también como analgésico natural, reduciendo  la ansiedad y el estrés. Particularmente, realizo ejercicio al menos 3 veces por semana, lo cual me es fundamental para realizar objetivos personales de la mejor forma posible.

5- ) Yoga– El yoga es una disciplina que une al cuerpo, con la mente y el alma. Permite realizar a través de asanas, pranayamas y mudras, un viaje hacia el interior de nuestro ser, permitiendo al final de cada clase (Hatha yoga) descansar a través de la postura más difícil: Savasana (o postura de relajación). Actualmente realizo en mi casa la serie de Sivananda yoga.

6- ) Relaciones sociales– Las relaciones sociales son fundamentales en el día a día, ya que nos permiten ser empáticos y disfrutar con el prójimo de momentos únicos e inolvidables. Es otra de las formas de gozar de una salud mental adecuada, ayudando a la mente a oxigenarse. Sin embargo, es menester aclarar que cuando me refiero a las relaciones sociales, lo hago desde un punto de vista minimalista. Es decir, solo aquellas que nos hacen sentir bien (familia, amigos, conocidos, desconocidos), o aquellas que realizamos con personas sin sentir compromiso alguno. Debemos dejar de lado todas aquellas relaciones que nos hacen mal, o que hacemos por compromiso. Nos quitan tiempo y no son realizadas de corazón. Ante estas, es preferible ser sinceros y decir: No las quiero en mi vida.

7- ) Descanso apropiado– Descansar apropiadamente es fundamental. Para ser productivos y alcanzar nuestras metas es necesario dormir adecuadamente. Para tener un sueño reparador en lo personal necesito dormir 7 u 8 horas diarias. Dormir poco afecta directamente el sistema cognitivo y emocional.

8- ) Pensamiento positivo– Debemos ser positivos día a día. El cerebro se alimenta,  amolda y se nutre de acuerdo a lo que hacemos y pensamos, debido a la neuroplasticidad. Por lo cual sencillamente somos lo que hacemos y pensamos. ¡Generemos redes neuronales positivas!

9- ) Reír– “Un día sin reír es un día perdido” Charles Chaplin. La risa es salud, genera emociones positivas, y moldea el estado de ánimo si hacemos uso de ella todos los días. Es antidepresiva (ya que reduce los niveles de hormonas causantes del estrés, como el cortisol) y un analgésico natural que libera endorfinas y serotonina. Además disminuye la presión arterial. Si observamos que no reímos durante el día lo suficiente,  recomiendo meditar por la noche esbozando una sonrisa. Está comprobado científicamente que si forzamos la sonrisa, el cerebro no la distingue de una que surge natural y espontáneamente. Por lo cual los efectos en el organismo son los mismos.

10- ) Ser ético– La ética genera tranquilidad. Refiere a dar valor a la palabra dada, no generar sufrimiento en los demás, actuar con valores sociales buenos. Y sobre todo determina que la mente no se preocupe por las actuaciones u omisiones realizadas. Cuando se es ético, uno vive con menos preocupaciones, y mayor bienestar emocional. Por ende, menos acelerado.

Vivir de ésta forma es como apagar el motor de un auto mientras se circula por una pendiente. Uno avanza, pero se regocija con la tranquilidad del silencio. Uno se contacta con la paz interior que emerge al reducirse el ruido. Así es como uno puede centrarse en los objetivos y no perder el foco.

En definitiva, evitemos vivir en una carrera infinita. Busquemos la pausa adecuada que genere paz y tranquilidad en nuestra vida, a los efectos de satisfacer nuestros objetivos.

Bondad amorosa

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“Haz el bien, sin importar a quien” (Abuela Pocha).

Macario, un ermitaño cristiano, (perteneciente a los padres del desierto) fue un ejemplo palpable de bondad amorosa. Existen registros que informan que en el siglo II d.c. alguien llevó uvas (manjares raros que se cultivaban en tierras lejanas) hasta el desierto donde vivía Macario, y se las obsequió. Pero este desistió de comerlas. Y optó por entregárselas a otro ermitaño que parecía necesitarlas más que él, ya que se encontraba débil.

Sin embargo, éste último monje, decidió dárselas a otro que a su parecer las necesitaba aún más,  aunque se sintió agradecido con Macario.

En definitiva, luego de que la fruta recorriera toda la comunidad de ermitaños, volvió nuevamente a las manos de Macario.

Daniel Goleman y Richard J. Davidson definen “amorosa bondad” como: el deseo de que otras personas sean felices. Y compasión como: El deseo de que las personas sean libradas del sufrimiento. (Del libro Rasgos alterados. Página 126).

La bondad es un acto de amor. Es dar, sin esperar recibir nada a cambio. Es ofrecerte con el objeto de ayudar al prójimo, o simplemente por el hecho de amar. Y no hablo de dar, en el sentido exclusivo de lo material. Sino de todo aquello que signifique un bien, ya sean unas palabras, un abrazo, un beso, un consejo, una mirada, una sonrisa, un gesto, un silencio cómplice, etc.

Sin embargo, la bondad se encuentra en peligro de extinción. Cada vez más la sociedad cae en la trampa del ego. Ese ego agobiante que genera una división entre el yo y los demás. Como una especie de muro, que separa lo indivisible: El todo.

Todos somos parte del todo. No existe la individualidad como tal, es simplemente una falacia de nuestra mente. Los seres compartimos un origen en común que nos conecta y que existe más allá de la vida mortal de cada uno. Somos parte de la historia, pero la historia en sí misma.

Dicha individualidad hace que busquemos la felicidad a través de efímeros, en diversas aristas a la vez, para no sentirnos vacíos. Verbi gracia, en los bienes materiales. Pero todos sabemos que las sensaciones y emociones son temporales, y las búsquedas desesperadas largas, cuando tomamos decisiones para saciar desavenencias con nuestro ser. El ego es nuestra jaula, la bondad todo lo que se encuentra afuera. Esta es libertad, plenitud, alegría, compasión, es una de las madres de la felicidad pura.

Es lógico y necesario que para ser bondadosos con los demás, primero debamos serlo con nosotros. ¿Nos amamos como somos? ¿Nos aceptamos? ¿Nos gustamos? ¿Buscamos hacernos bien? ¿Cómo poder ayudar a los demás, cuando no nos ayudamos a nosotros? Cabe aclarar que eso no es ego, es amor puro. Es amar cada parte de nuestro ser, a los efectos de ser capaces de amar a los demás.

Ayudemos al prójimo día a día. No solo haremos el bien, sino que además cambiaremos nuestra vida.

Entiendo que un bondadoso de corazón es anónimo. El “bondadoso anónimo” es aquel que hace un bien pero no lo alardea con sus semejantes, no busca resplandecer a costa de las necesidades de otros.  Es aquel que actúa con corazón y no por conveniencia.

La bondad es una práctica que genera salud, fuertes lazos, felicidad, calma, amor, plenitud, apertura y compasión.

Así me lo enseñó mi abuela, mi maestra en bondad amorosa.

ACERCA DE LOS CONFLICTOS INTERNOS Y LA FALTA DE AUTO CONFIANZA

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Somos creadores de conflictos internos; algunos tenemos titulo de grado en la materia, algunos otros ya cursamos posgrados y/o maestrías al respecto. Ojalá tanto estudio y titulo sirviera para algo en este caso, pero lamentablemente no es así.

Es paradójico que hablemos de conflicto interno, parecería una contradicción etimológica, ya que el conflicto es necesariamente plural, y cuando se habla de personas, debe de haber al menos dos con intereses contrapuestos o posturas divergentes irreconciliables. Pero aquí no es el caso, el conflicto interno se da cuando una persona tiene un interés determinado que no se anima a llevarlo a cabo por entender que dicha actuación está condicionada a un posible resultado desfavorable, o peor aún a la creencia de que el resultado va a ser categóricamente desfavorable. Por lo cual el conflicto se da entre el actuar o no actuar, entre el ser y el no ser, entre la aceptación y el rechazo, entre dos pensamientos distintos anulables entre sí. Estos no son miedos irracionales (que existen), son en realidad problemas de autoconfianza y autoestima que tanto aquejan a nuestra sociedad.

Los conflictos internos son creados por nosotros mismos y deben de ser solucionados también por nosotros a través de la práctica consciente y reiterativa.

Sin embargo, antes de inmiscuirnos en cuestiones prácticas o externas, debemos de trabajar internamente en lo cognitivo, es decir, poder comprender como terminar con el problema del conflicto, conocer su origen, su raíz, su carencia lógica en el sentido de querer y no querer. Debemos dejar de estresarnos por cuestiones creadas por nosotros y mantenidas en el tiempo como tótems vitalicios en nuestro ser.

¿Cómo es posible querer algo y no quererlo al mismo tiempo?

Es que si lo quieres, ¡lo intentas! De lo contrario no lo querrías tanto, es por eso que debemos preguntarnos que es aquello dentro de nosotros que nos pone un freno y nos anula a actuar.

Ahora bien, si existe esa estructura de pensamiento ilógica es porque tenemos un concepto errado de nosotros.

Nos ponemos el palo en la rueda cuando nos pensamos o nos sentimos de forma equivocada, es decir, cuando nos castigamos con pensamientos negativos o improductivos; cuando vemos pasar la vida enjaulados en un lugar creado y administrado por nosotros mismos, y cuanto más alimentamos al sistema éste más se fortalece, siendo entonces compleja su destrucción.

Para explicar el conflicto cognitivo de forma más clara utilizaré como ejemplo el caso de un amigo (a quien llamaré Juan), quien me comentó hace unos meses (mientras nos reuníamos a tomar un café) el porqué hace tiempo dejó de bailar.

Juan como todo adolescente salía a bailar con amigos a distintas discotecas de la ciudad, un día vio en un boliche a una chica que le encantaba y se dispuso a invitarla a bailar. Cuando comenzó a bailar ésta chica se fue.

Ante la referida situación Juan pensó que bailaba muy mal, se castigó tanto por lo ocurrido que dejó de hacerlo, nunca más lo hizo. A Juan le encanta la música, es más, es fanático del rock and roll, sin embargo no puede experimentar el placer de bailar los temas más pasionales y sentidos delante de la gente por el “que pensaran los demás de lo mal que bailo”.

Sin dudas Juan tiene un conflicto interno entre el querer bailar (ya que ama la música) y el no hacerlo (por lo que dirán o pensaran los demás de su baile).

El conflicto de Juan surge a partir de diferentes ideas irracionales, que lamentablemente conforman principios básicos que debemos de evitar, estas son:

1.-Vivir de acuerdo a lo que los demás piensan de nosotros.

Cuando tenemos bajo auto concepto y por ende baja autoestima vivimos pendientes de lo que los demás piensan respecto de nosotros y lo tomamos como verdadero, sin cuestionárnoslo, o haciéndolo de pobre forma. Dejamos de vivir por nosotros mismos, para “vivir” en base a lo que piensan los otros. Incluso en muchas ocasiones dejamos de hacer lo que queremos para complacer a los demás, y de esa forma sentirnos más queridos o aceptados. Por ende, destruimos poco a poco nuestra divina existencia.

2.- Hacer suposiciones sobre cuestiones desconocidas

Muchas veces atribuimos ciertos elementos facticos de la vida cotidiana a supuestas auto-deficiencias resultantes de creencias irracionales o ilógicas.

Por ejemplo, Juan está seguro que la chica se alejo por su forma de bailar, pero en sí ni siquiera sabe el motivo, ya que ella solo se fue. Por ende, el lo atribuyó a su baile, cargo con su culpa, se castigó así mismo por lo que sucedió, sin siquiera conocer los motivos reales. Y en caso de que fueran los expresados por Juan (que repito, no los conocemos), los remito al punto 1.

3.-Generalizar la situación

Este es un grave error que hacemos, pensar qué por que una vez algo no salió como queríamos o pretendíamos, siempre va a ser así. Es decir, generalizamos la situación y nos estancamos, ya que nos creemos o nos pensamos de una forma que parece eterna e inmodificable. Ante este pensamiento nos transformamos en muertos vivientes, básicamente.

4.- Vivir el pasado en el presente

Esta idea va muy de la mano con la de generalizar las situaciones. Debemos entender que los hechos son aislados, es decir que si ante un hecho determinado nos fue de una determinada manera no quiere decir que de presentarse otro similar vaya a pasar exactamente lo mismo. Es por eso que hay que separar el pasado del presente, lo que pasó ya pasó, el presente es algo distinto, una situación nueva, en un lugar distinto, ante circunstancias distintas (nunca hay circunstancias iguales, si muy parecidas) y con un resultado incierto.

Por ejemplo, en el caso de Juan, es un error pensar que toda chica que invite a bailar se va a ir, por el hecho de que en el pasado una se haya ido. Puede suceder que la mente nos retrotraiga a ese pasado y nos haga sentir lo mismo, pero debemos hacerle tener en claro que lo que vivimos y sentimos en su momento ya es historia, y ahora estamos en el presente, ante otra situación distinta, que nos depara un resultado incierto, pero tendremos una convicción positiva de lo que anhelamos.

5.- Atribuir a la suerte la ruptura del esquema mental

Cuando tenemos bajo auto concepto y logramos aquello que parecía en principio imposible, nos auto boicoteamos y atribuimos ese hecho a cuestiones del azar o a que lo sucedido es una excepción a la regla, ya que lo verdadero es aquello negativo que creemos de nosotros, por lo tanto, nunca vamos a valorar como deberíamos todo lo que logramos con esfuerzo y sacrificio. Es por ello que no debemos de generalizar ni confundir el pasado con el presente.Es una máxima valorarnos y querernos por lo conseguido, y entender que somos capaces de aquello que nos proponemos. Tenemos muchas veces pensamientos irracionales que destruyen nuestra esencia, solo debemos identificarlos y trabajar en ellos.

6.- Darle vigencia “ad eternum” a los juzgamientos

Las personas juzgan todo el tiempo, es un hecho, la cuestión está en qué hacemos nosotros con esos juzgamientos. Muchas veces le damos vigencia eterna a los mismos, volviéndolos una especie de acosador interno.

Por ejemplo, en el caso de Juan la chica reacciono de tal forma que de seguro olvidó la cuestión casi que al instante, pero Juan cargó con ese hecho puntual en la espalda hasta el día de hoy de forma innecesaria pero “ad eternum”.

No somos el centro de la tierra, la persona que nos juzga sigue con su vida tranquilamente sin pensar más al respecto, ¿entonces por qué nosotros plantamos una semilla sobre eso y la regamos todos los días? ¿No tiene sentido verdad? Es ilógico.

 

LA PRÁCTICA COMO HERRAMIENTA FUNDAMENTAL PARA COMPLEMENTAR LA TEORIA COGNITIVA.

Como hemos visto anteriormente, la mayoría de los problemas son cognitivos, estos no pueden resolverse sin una debida práctica que permita reconstruir una estructura mental sana y adecuada, es decir, una concatenación de pensamientos y emociones acordes al campo de la realidad.

La práctica es fundamental entonces para dar cimientos a nuestro trabajo interno. Partimos desde lo interior hacia lo exterior del ser, para luego volver adentrarnos con herramientas tangibles que son analizadas desde una perspectiva saludable, basada en el conocimiento de las seis ideas básicas comentadas supra.

La premisa es no dejar de actuar, ¿sentís miedo al rechazo? ¡ACTUA!,¿ sentís que no podes lograr algo que anhelas? ¡ACTUA!, ¿Te gusta la ropa que te compraste, pero recibís críticas? ¡ACTUA!

No dejemos de ser nosotros por el que dirán, seamos felices y actuemos de acuerdo a eso, la vida es una sola y hay que disfrutarla. Yo se que a veces no es fácil, pero puedo garantizar que de a poco y con convicción tu vida va a cambiar, es solo actuar, no es muy difícil en sí, las barreras las ponemos cada uno de nosotros, nadie más.

Esta más que claro que el actuar no es un hacer apático y egoísta, o uno ilícito o amoral, es un actuar de acuerdo a nuestros derechos y principios como personas, es decir, como seres libres.

En definitiva, hagamos nuestros estudios de grado, posgrados y maestrías en resolver conflictos internos.

El don de la mortalidad

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“Cuando te bañas piensas en el desayuno.

Cuando desayunas, piensas en el trabajo.

En el trabajo, piensas en la salida.

Saliendo, piensas en llegar a casa.

Estando en casa, piensas en el día de mañana.

Hoy, no has estado presente.

Hoy, no has vivido el ahora.

Te estas perdiendo de la vida misma.”

ECKHART TOLLE

Ser mortal es un don que la naturaleza nos dio para disfrutar del día a día como si fuese el último (quizás lo sea), pero desgraciadamente debido al ritmo de vida desenfrenado que llevamos, más la fuerte identificación con nuestro “ego inmortal”, vivimos en un mundo paralelo irresponsable para nuestro ser, como para con nuestra vida, y la de terceros.

Es por ello que creamos una burbuja de inmortalidad ficticia que la pensamos indestructible, pero sin embargo es tan mortal y frágil como nosotros, solo basta pincharla para que todo se derrumbe sin más.

Quizás esto suceda por el miedo a la muerte, única verdad absoluta que conoce el hombre, pero que niega constantemente o no quiere pensar como algo real y cierto.

La cuestión de vivir así es que no solo agravamos o potenciamos “problemas” fútiles o insignificantes, sino que también dejamos de ser nosotros, como si las posibilidades fuesen “Ad eternum”.

No peleamos por lo que queremos de verdad, pero nos conformamos con planes b, c o d, con total de no enfrentar nuestros problemas, la mayoría de las veces patológicos, ya que se presentan a través de desordenes cognitivos no trabajados.

El arrepentimiento por no actuar genera enojo con uno mismo, ansiedad, seguida posteriormente por estrés, y en algunas ocasiones por los difíciles estados depresivos de la mente. ¿No queremos vivir así verdad? Entonces debemos enfrentar nuestra “realidad” y poner las cosas en su sitio, ya que la vida está hecha para disfrutarla, no para lamentarse.
Una vez que somos conscientes de la mortalidad de nuestro ser, podemos cambiar la perspectiva de vida y lanzarnos a bucear los mares de la tranquilidad y la paz mental que merecemos, disfrutando así del ahora, lo único existente.

Por otra parte, vivir en la inmortalidad nos hace personas menos empáticas y más egoístas, ya que el tiempo que invertimos en nuestros viajes hacia el pasado y al futuro alimentados con el combustible de la ansiedad y la preocupación, se lo quitamos al mundo y a las personas que más queremos o que necesitan de ayuda. El altruismo y la gratificación son dos herramientas indispensables para conectar con la mortalidad, y ésta con el todo.

En definitiva, es esencial ser conscientes de nuestra mortalidad y aceptarla, tener presente que en un momento incierto vamos a abandonar este mundo, y por lo tanto, debemos de vivir el presente con alegría y entusiasmo, desplegando todo nuestro amor.

Vivir el día a día no quiere decir que dejemos atrás nuestras responsabilidades (claro está), el estrés y/o la ansiedad, ya que estos son necesarios para nuestra supervivencia, al ser de carácter adaptativos. Lo que debemos evitar son los problemas, miedos y preocupaciones patológicas. Es por ello, que debemos de trabajar cada día para lograr los niveles más óptimos de vida a nivel espiritual, mental y corporal, sabiendo que lo que se disfruta fundamentalmente es el camino hacia la realización; y tener claro que si bien la meta es importante, el trayecto hacia ella lo es todo, día a día, momento a momento.

El tiempo es ahora, ¡vivir al máximo depende exclusivamente de vos!

El auto concepto como base fundamental para el pulido perfecto de nuestro ser.

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Podríamos sostener que dedicar tiempo a  nuestro ser no siempre apareja un resultado positivo, ya que el trabajo diario que realizamos sobre él puede ocasionar daño o peligro inminente de daño sobre nuestra persona o sobre terceros.


 

Trabajar, moldear, pulir nuestro ser puede aparejar resultados positivos o negativos, debido a que el trabajo diario si bien tiene una base objetiva de fondo, es típicamente subjetivo, ya que es nuestra mente la arquitecta de la obra.

Ésta es quien realiza los planos, la distribución de la estructura, la supervisión de la misma; es la que crea, modifica y extingue situaciones de hecho, cognitivas y en definitiva nuestra realidad. Por lo cual si el arquitecto no cuenta con las herramientas necesarias para realizar su cometido, o teniendo las mismas no sabe cómo utilizarlas, o incluso sabiendo hacerlo boicotea su propio arte por otro (por ejemplo: el del daño), aquel ser resultante va a ser otro no deseado (¿o sí?), y esto es algo en lo cual debemos detenernos y meditar.

¿Qué clase de arquitectos somos de nosotros mismos? ¿Cuánto tiempo al día dedicamos a la introspección? ¿Qué es lo que estamos puliendo y para qué? ¿Estamos trabajando positivamente para nuestro ser y para las personas que nos rodean? ¿Somos conscientes de nuestros pensamientos y acciones?

Para entender el fondo del asunto es necesario hacer hincapié en una cuestión que considero fundamental, y que a mi modo de ver, es la base del todo: El auto concepto.

Somos, respiramos, sudamos, nos alimentamos de auto concepto. Éste lo es todo. Incluso puedo afirmar que la base de las enfermedades mentales y consecuencias psicosomáticas tienen vinculación con un auto concepto tocado o disminuido, ya sea porque éste ocasiona o desencadena la enfermedad, o porque esta lo altera directamente.

Lo definimos como la opinión que una persona tiene sobre sí misma y el cómo los terceros lo piensan a uno(por ende el auto concepto es de naturaleza intelectual). Es decir, la etiqueta que nos ponemos a nosotros mismos, ya sea por cómo nos pensamos y/o como nos piensan terceros, que puede ser de carácter positiva o negativa.

Por lo cual, es muy importante tener presente que tipo de etiquetas nos colocamos a nosotros mismos e identificarlas. Sin embargo, también es fundamental tener presente que muchas de las etiquetas que cargamos en la espalda nos fueron colocadas cuando éramos niños,  adoptándolas como reales sin poder refutarlas o cuestionarlas racionalmente, simplemente las aceptamos y adquirimos como propias y verdaderas, por lo cual es muy útil y necesario identificarlas y hacernos responsables de su existencia y debido pulido, para no seguir reforzando conceptos erróneos a partir de percepciones y realidades falsas.

No quiero dejar de hacer mención a la conexión y efecto en cadena que el auto concepto tiene con el auto estima y la seguridad personal. Es muy importante para entender como funcionamos y como todo ello influye a la hora de trabajar nuestro ser.

La formula es la siguiente: a cuanto mayor auto concepto, mayor auto estima, y en consecuencia mayor seguridad personal.

Empero, la formula opera proporcionalmente de la misma forma cuando el auto concepto se encuentra tocado, es decir que va a repercutir negativamente a nuestro auto estima y en consecuencia a nuestra seguridad personal.

El auto estima es emocional, refiere a como nos afecta emocionalmente lo que los demás piensan de nosotros y lo que nosotros pensamos de nosotros mismos (como nos valoramos), a diferencia del auto concepto, que como ya expresamos supra es intelectual.

Por ende, podríamos decir que nuestras inseguridades son respuesta directa de nuestro etiquetamiento y como emocionalmente nos sentimos en respuesta a ello. Podríamos decir por ejemplo que un tercero daña nuestro auto estima, porque refuerza nuestro auto concepto previo, por lo cual ese tercero no es el gran responsable de nuestras dificultades, sino uno mismo a partir del pre concepto creado.

La Epigenética sostiene que el 80% de nuestra personalidad y forma de actuar, sentir y pensar es resultado de un conjunto de experiencias previas que determinaron la producción de reacciones químicas y otros procesos en nuestro organismo que incidieron directamente en nuestra secuencia genética  (por ende puede ser modificado si cambiamos nuestra realidad), y solo el 20% restante procede de lo genético per se (es decir, no puede modificarse).

Ahora bien, si nosotros somos responsables de nuestro auto concepto, también lo somos en forma previa y posteriori de nuestros pensamientos. Los de carácter negativo son alimento o combustible que refuerza o fija las etiquetas.

Por ende, también debemos de ser conscientes de nuestros pensamientos negativos y no juzgarlos, ya que al ser consciente de los mismos, si los juzgamos reforzamos su significado a nivel inconsciente, debido a la guerra interna entre consciente e inconsciente (detalle no menor), y pensar positivamente de forma consciente cuando dejamos de estar en el denominado periodo refractario, es decir aquel estado emocional mediante el cual solo pensamos unidireccionalmente en sintonía con la emoción negativa que experimentamos y que puede durar varios minutos, luego de la situación fáctica vivida. Por lo cual, los pensamientos positivos deben de ser elaborados conscientemente en un periodo donde no surjan negativos, ya que su negación los fortalece.

Por otro lado, es necesario referirnos también brevemente al vínculo entre nuestros pensamientos y nuestras emociones, así como también a estas y a nuestros estados de ánimo.

A pensamientos negativos, emociones negativas. Es una regla simple que de ser constante moldea nuestro estado de ánimo y nuestro temperamento.

Por ello debemos ser conscientes de la realidad que creamos, de nuestras percepciones y pensamientos, como de nuestras etiquetas. Es importante a los efectos de poder iniciar de forma consciente y planeada el trabajo en nuestro yo interior, en su pulido. De lo contrario sería un accionar a partir de una realidad que desconocemos, o peor, que creemos conocer en forma equivoca. Por lo cual sería un esfuerzo improductivo, o mal dirigido, basado en creencias erróneas o dañinas, a través de percepciones ficticias.

Sin embargo, si nuestra realidad se basa en un auto concepto tocado y somos conscientes de ello, el trabajo sobre nosotros va a ser más complicado que quien goza de un auto concepto elevado, pero de todos modos bien dirigido y fructífero.

En definitiva, es importante conocernos de verdad a los efectos de poder utilizar las herramientas que la vida nos brinda para pulir nuestro ser, de lo contrario estaríamos trabajando a ciegas sobre algo inexistente, y por ende equivocando el camino. Esto no se trata de trabajar en nosotros mismos por el mero hecho de trabajar, sino que se trata de hacerlo de la mejor forma posible para no hacernos daño, y es por ello que debemos comenzar a transitar el sendero de la introspección como medida preparatoria para comenzar a pulir el yo.

Deseo que el siguiente articulo sea una pequeña guía que lleve a la reflexión sobre el debido uso de las herramientas para el perfeccionamiento de la mente y el cuerpo humano.

Administremos los ruidos internos mediante “El Ruido silencioso”

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Cuando el ruido, es el ruido en el ruido.

El secreto es saber administrar el ruido; es que éste es la llama que nos hace ser seres racionales únicos, sui generis.

Empero, el ruido, que prevalece por insistencia, se arraiga casi de forma egoísta a nuestro ser y nos hunde en un mar consciente de amnesia, a tal punto que ni lo notamos, o siendo conscientes de ello lo confundimos con nuestra propia esencia, con parte de nosotros, que en si lo es, de algún modo artificial, por adhesión.

 

La clave está en que seamos conscientes de nuestros ruidos internos; es decir, de los pensamientos, ideas, preocupaciones, de la totalidad de las emociones que son propias del ser, ¿o no tanto?.

 

¿Qué es lo que piensan en este instante?, ¿y hace 10 o 15 minutos?, ¿su mente estaba centrada en el aquí y el ahora en un 100%?

El ruido es la actividad mental de cada uno de nosotros en cada instante y en todo momento, con todo lo que ello significa en cuanto a pensamientos y emociones constantes del devenir del día a día. Recuerdos del pasado, vivencias del presente o proyecciones a futuro, segundo a segundo.

¿Cuántas veces somos conscientes de esto? ¿Y de la importancia que ello tiene al momento de tomar decisiones? Una de las grandes consecuencias de éste, es que cuando no se puede contener interiormente, repercute exteriormente y se hace sentir, deja de ser un sonido inaudible y pasa a incidir no solo en relación a nosotros, sino también respecto de terceros, para bien o para mal, ya sea en forma medida o desmedida, dependiendo del grado de emoción que estos carguen.

Es por ello, que todos debemos de practicar el “ruido silencioso”, éste nos invita a reflexionar y administrar nuestras actividades mentales, como si fuese una especie de filtro de pensamientos y emociones; el primer y máximo control de nuestras posteriores acciones, y por ende de nuestra vida.

Éste ruido (el silencioso, pese a lo antagónico de su tautología) es el que debemos de aplicar dentro de nuestras capsulas (físicas y mentales).

No obstante ello, personalmente creo que la cuestión está en no conformarse con el solo hecho de generar un mutismo externo, dado que debemos comprender que el lenguaje es una exteriorización de los pensamientos internos, y si no trabajamos la paz desde dentro, por más que permanezcamos taciturnos al mundo exterior nos estaríamos en definitiva engañando diariamente.

Y estas situaciones estimados lectores, debemos de tenerlas presente en todo ámbito social. Aplicarlo en nuestras casas, en el trabajo, con los amigos, en definitiva con el prójimo, trabajando siempre en nosotros mismos a los efectos de profundizar nuestra practica y los gratos resultados de ésta.

Administrar nuestros pensamientos y emociones, y con ello nuestra concentración en el ahora, nos permite dejar de lado todo tipo de pensamientos virales o acciones instintivas que pueden desencadenar emociones negativas en lo interior o procederes vertiginosas en lo exterior de los cuales nos arrepentimos a diario demasiado tarde; no solo por como repercute en nosotros mismos, sino también respecto de terceros.

Como el ruido mental inadecuado es malo, entiendo que el silencio absoluto también lo es para el hombre, dado que el uso de la razón es imprescindible a los efectos de la intelección del todo. Por ello la importancia de saber gestionar nuestros bullicios internos con el objeto de conocernos definitivamente, ya que somos lo que pensamos, y una mente que encadena inconscientemente pensamientos, es algo de lo que preocuparnos y ocuparnos; comencemos a ser conscientes de ello, en definitiva de lo que somos.

Una vez logremos identificar todo aquello dispensable para nuestra mente, tendremos la gracia de concentrarnos en lo que deseemos, y cualquier distracción exterior o interior será detectada y controlada con mayor facilidad.

Reitero, el silencio (o “ruido silencioso”), no es la ausencia de ruido, es la consecuencia de la administración adecuada de los ruidos mentales.

El silencio nos permite concentrarnos en el aquí y en el ahora a los efectos de aprender. Debemos adjudicar un momento en el día donde si o si practicamos la administración de los ruidos en nuestra mente, sin pretextos, dejando de lado todo tipo de pensamiento mundano, no sin antes ser consciente de estos. Por otro lado, nos permite fortalecer nuestra tolerancia, ya que nos recuerda que todos somos parte de una unidad, con nuestros defectos, virtudes, y bienvenidas desigualdades, las que nos hacen seres únicos e irrepetibles.

Accede a que seamos personas más empáticas, ya que escuchamos con atención al prójimo, y reflexionamos, sin ningún tipo de prejuicio; enraizando así nuestros niveles de tolerancia.
Nos enseña que el momento justo para expresar nuestros ruidos internos al exterior, es también importante. Aprendemos que para todo hay un momento adecuado, respetando  tiempos y espacios.

Estimados lectores, a continuación los invito a reflexionar sobre:

  • Vuestros ruidos o silencios; como repercuten en nuestro ser, y como respondemos o actuamos a causa de ellos, en los diversos ámbitos de la vida.
  • Si nos gana la emoción pura o aquella que precede a la razón.
  • La importancia de ejercitar nuestro mundo interno, a modo de utilizar este beneficio en nuestro día a día; y con ello, no solo generar un ámbito placentero en nuestras vidas, sino también respecto de quienes nos rodean, y con ello, en definitiva aportar un granito de arena al mundo.

Les deseo lo mejor para sus vidas 🙂