ACERCA DE LOS CONFLICTOS INTERNOS Y LA FALTA DE AUTO CONFIANZA

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Somos creadores de conflictos internos; algunos tenemos titulo de grado en la materia, algunos otros ya cursamos posgrados y/o maestrías al respecto. Ojalá tanto estudio y titulo sirviera para algo en este caso, pero lamentablemente no es así.

Es paradójico que hablemos de conflicto interno, parecería una contradicción etimológica, ya que el conflicto es necesariamente plural, y cuando se habla de personas, debe de haber al menos dos con intereses contrapuestos o posturas divergentes irreconciliables. Pero aquí no es el caso, el conflicto interno se da cuando una persona tiene un interés determinado que no se anima a llevarlo a cabo por entender que dicha actuación está condicionada a un posible resultado desfavorable, o peor aún a la creencia de que el resultado va a ser categóricamente desfavorable. Por lo cual el conflicto se da entre el actuar o no actuar, entre el ser y el no ser, entre la aceptación y el rechazo, entre dos pensamientos distintos anulables entre sí. Estos no son miedos irracionales (que existen), son en realidad problemas de autoconfianza y autoestima que tanto aquejan a nuestra sociedad.

Los conflictos internos son creados por nosotros mismos y deben de ser solucionados también por nosotros a través de la práctica consciente y reiterativa.

Sin embargo, antes de inmiscuirnos en cuestiones prácticas o externas, debemos de trabajar internamente en lo cognitivo, es decir, poder comprender como terminar con el problema del conflicto, conocer su origen, su raíz, su carencia lógica en el sentido de querer y no querer. Debemos dejar de estresarnos por cuestiones creadas por nosotros y mantenidas en el tiempo como tótems vitalicios en nuestro ser.

¿Cómo es posible querer algo y no quererlo al mismo tiempo?

Es que si lo quieres, ¡lo intentas! De lo contrario no lo querrías tanto, es por eso que debemos preguntarnos que es aquello dentro de nosotros que nos pone un freno y nos anula a actuar.

Ahora bien, si existe esa estructura de pensamiento ilógica es porque tenemos un concepto errado de nosotros.

Nos ponemos el palo en la rueda cuando nos pensamos o nos sentimos de forma equivocada, es decir, cuando nos castigamos con pensamientos negativos o improductivos; cuando vemos pasar la vida enjaulados en un lugar creado y administrado por nosotros mismos, y cuanto más alimentamos al sistema éste más se fortalece, siendo entonces compleja su destrucción.

Para explicar el conflicto cognitivo de forma más clara utilizaré como ejemplo el caso de un amigo (a quien llamaré Juan), quien me comentó hace unos meses (mientras nos reuníamos a tomar un café) el porqué hace tiempo dejó de bailar.

Juan como todo adolescente salía a bailar con amigos a distintas discotecas de la ciudad, un día vio en un boliche a una chica que le encantaba y se dispuso a invitarla a bailar. Cuando comenzó a bailar ésta chica se fue.

Ante la referida situación Juan pensó que bailaba muy mal, se castigó tanto por lo ocurrido que dejó de hacerlo, nunca más lo hizo. A Juan le encanta la música, es más, es fanático del rock and roll, sin embargo no puede experimentar el placer de bailar los temas más pasionales y sentidos delante de la gente por el “que pensaran los demás de lo mal que bailo”.

Sin dudas Juan tiene un conflicto interno entre el querer bailar (ya que ama la música) y el no hacerlo (por lo que dirán o pensaran los demás de su baile).

El conflicto de Juan surge a partir de diferentes ideas irracionales, que lamentablemente conforman principios básicos que debemos de evitar, estas son:

1.-Vivir de acuerdo a lo que los demás piensan de nosotros.

Cuando tenemos bajo auto concepto y por ende baja autoestima vivimos pendientes de lo que los demás piensan respecto de nosotros y lo tomamos como verdadero, sin cuestionárnoslo, o haciéndolo de pobre forma. Dejamos de vivir por nosotros mismos, para “vivir” en base a lo que piensan los otros. Incluso en muchas ocasiones dejamos de hacer lo que queremos para complacer a los demás, y de esa forma sentirnos más queridos o aceptados. Por ende, destruimos poco a poco nuestra divina existencia.

2.- Hacer suposiciones sobre cuestiones desconocidas

Muchas veces atribuimos ciertos elementos facticos de la vida cotidiana a supuestas auto-deficiencias resultantes de creencias irracionales o ilógicas.

Por ejemplo, Juan está seguro que la chica se alejo por su forma de bailar, pero en sí ni siquiera sabe el motivo, ya que ella solo se fue. Por ende, el lo atribuyó a su baile, cargo con su culpa, se castigó así mismo por lo que sucedió, sin siquiera conocer los motivos reales. Y en caso de que fueran los expresados por Juan (que repito, no los conocemos), los remito al punto 1.

3.-Generalizar la situación

Este es un grave error que hacemos, pensar qué por que una vez algo no salió como queríamos o pretendíamos, siempre va a ser así. Es decir, generalizamos la situación y nos estancamos, ya que nos creemos o nos pensamos de una forma que parece eterna e inmodificable. Ante este pensamiento nos transformamos en muertos vivientes, básicamente.

4.- Vivir el pasado en el presente

Esta idea va muy de la mano con la de generalizar las situaciones. Debemos entender que los hechos son aislados, es decir que si ante un hecho determinado nos fue de una determinada manera no quiere decir que de presentarse otro similar vaya a pasar exactamente lo mismo. Es por eso que hay que separar el pasado del presente, lo que pasó ya pasó, el presente es algo distinto, una situación nueva, en un lugar distinto, ante circunstancias distintas (nunca hay circunstancias iguales, si muy parecidas) y con un resultado incierto.

Por ejemplo, en el caso de Juan, es un error pensar que toda chica que invite a bailar se va a ir, por el hecho de que en el pasado una se haya ido. Puede suceder que la mente nos retrotraiga a ese pasado y nos haga sentir lo mismo, pero debemos hacerle tener en claro que lo que vivimos y sentimos en su momento ya es historia, y ahora estamos en el presente, ante otra situación distinta, que nos depara un resultado incierto, pero tendremos una convicción positiva de lo que anhelamos.

5.- Atribuir a la suerte la ruptura del esquema mental

Cuando tenemos bajo auto concepto y logramos aquello que parecía en principio imposible, nos auto boicoteamos y atribuimos ese hecho a cuestiones del azar o a que lo sucedido es una excepción a la regla, ya que lo verdadero es aquello negativo que creemos de nosotros, por lo tanto, nunca vamos a valorar como deberíamos todo lo que logramos con esfuerzo y sacrificio. Es por ello que no debemos de generalizar ni confundir el pasado con el presente.Es una máxima valorarnos y querernos por lo conseguido, y entender que somos capaces de aquello que nos proponemos. Tenemos muchas veces pensamientos irracionales que destruyen nuestra esencia, solo debemos identificarlos y trabajar en ellos.

6.- Darle vigencia “ad eternum” a los juzgamientos

Las personas juzgan todo el tiempo, es un hecho, la cuestión está en qué hacemos nosotros con esos juzgamientos. Muchas veces le damos vigencia eterna a los mismos, volviéndolos una especie de acosador interno.

Por ejemplo, en el caso de Juan la chica reacciono de tal forma que de seguro olvidó la cuestión casi que al instante, pero Juan cargó con ese hecho puntual en la espalda hasta el día de hoy de forma innecesaria pero “ad eternum”.

No somos el centro de la tierra, la persona que nos juzga sigue con su vida tranquilamente sin pensar más al respecto, ¿entonces por qué nosotros plantamos una semilla sobre eso y la regamos todos los días? ¿No tiene sentido verdad? Es ilógico.

 

LA PRÁCTICA COMO HERRAMIENTA FUNDAMENTAL PARA COMPLEMENTAR LA TEORIA COGNITIVA.

Como hemos visto anteriormente, la mayoría de los problemas son cognitivos, estos no pueden resolverse sin una debida práctica que permita reconstruir una estructura mental sana y adecuada, es decir, una concatenación de pensamientos y emociones acordes al campo de la realidad.

La práctica es fundamental entonces para dar cimientos a nuestro trabajo interno. Partimos desde lo interior hacia lo exterior del ser, para luego volver adentrarnos con herramientas tangibles que son analizadas desde una perspectiva saludable, basada en el conocimiento de las seis ideas básicas comentadas supra.

La premisa es no dejar de actuar, ¿sentís miedo al rechazo? ¡ACTUA!,¿ sentís que no podes lograr algo que anhelas? ¡ACTUA!, ¿Te gusta la ropa que te compraste, pero recibís críticas? ¡ACTUA!

No dejemos de ser nosotros por el que dirán, seamos felices y actuemos de acuerdo a eso, la vida es una sola y hay que disfrutarla. Yo se que a veces no es fácil, pero puedo garantizar que de a poco y con convicción tu vida va a cambiar, es solo actuar, no es muy difícil en sí, las barreras las ponemos cada uno de nosotros, nadie más.

Esta más que claro que el actuar no es un hacer apático y egoísta, o uno ilícito o amoral, es un actuar de acuerdo a nuestros derechos y principios como personas, es decir, como seres libres.

En definitiva, hagamos nuestros estudios de grado, posgrados y maestrías en resolver conflictos internos.

El don de la mortalidad

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“Cuando te bañas piensas en el desayuno.

Cuando desayunas, piensas en el trabajo.

En el trabajo, piensas en la salida.

Saliendo, piensas en llegar a casa.

Estando en casa, piensas en el día de mañana.

Hoy, no has estado presente.

Hoy, no has vivido el ahora.

Te estas perdiendo de la vida misma.”

ECKHART TOLLE

Ser mortal es un don que la naturaleza nos dio para disfrutar del día a día como si fuese el último (quizás lo sea), pero desgraciadamente debido al ritmo de vida desenfrenado que llevamos, más la fuerte identificación con nuestro “ego inmortal”, vivimos en un mundo paralelo irresponsable para nuestro ser, como para con nuestra vida, y la de terceros.

Es por ello que creamos una burbuja de inmortalidad ficticia que la pensamos indestructible, pero sin embargo es tan mortal y frágil como nosotros, solo basta pincharla para que todo se derrumbe sin más.

Quizás esto suceda por el miedo a la muerte, única verdad absoluta que conoce el hombre, pero que niega constantemente o no quiere pensar como algo real y cierto.

La cuestión de vivir así es que no solo agravamos o potenciamos “problemas” fútiles o insignificantes, sino que también dejamos de ser nosotros, como si las posibilidades fuesen “Ad eternum”.

No peleamos por lo que queremos de verdad, pero nos conformamos con planes b, c o d, con total de no enfrentar nuestros problemas, la mayoría de las veces patológicos, ya que se presentan a través de desordenes cognitivos no trabajados.

El arrepentimiento por no actuar genera enojo con uno mismo, ansiedad, seguida posteriormente por estrés, y en algunas ocasiones por los difíciles estados depresivos de la mente. ¿No queremos vivir así verdad? Entonces debemos enfrentar nuestra “realidad” y poner las cosas en su sitio, ya que la vida está hecha para disfrutarla, no para lamentarse.
Una vez que somos conscientes de la mortalidad de nuestro ser, podemos cambiar la perspectiva de vida y lanzarnos a bucear los mares de la tranquilidad y la paz mental que merecemos, disfrutando así del ahora, lo único existente.

Por otra parte, vivir en la inmortalidad nos hace personas menos empáticas y más egoístas, ya que el tiempo que invertimos en nuestros viajes hacia el pasado y al futuro alimentados con el combustible de la ansiedad y la preocupación, se lo quitamos al mundo y a las personas que más queremos o que necesitan de ayuda. El altruismo y la gratificación son dos herramientas indispensables para conectar con la mortalidad, y ésta con el todo.

En definitiva, es esencial ser conscientes de nuestra mortalidad y aceptarla, tener presente que en un momento incierto vamos a abandonar este mundo, y por lo tanto, debemos de vivir el presente con alegría y entusiasmo, desplegando todo nuestro amor.

Vivir el día a día no quiere decir que dejemos atrás nuestras responsabilidades (claro está), el estrés y/o la ansiedad, ya que estos son necesarios para nuestra supervivencia, al ser de carácter adaptativos. Lo que debemos evitar son los problemas, miedos y preocupaciones patológicas. Es por ello, que debemos de trabajar cada día para lograr los niveles más óptimos de vida a nivel espiritual, mental y corporal, sabiendo que lo que se disfruta fundamentalmente es el camino hacia la realización; y tener claro que si bien la meta es importante, el trayecto hacia ella lo es todo, día a día, momento a momento.

El tiempo es ahora, ¡vivir al máximo depende exclusivamente de vos!

El auto concepto como base fundamental para el pulido perfecto de nuestro ser.

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Podríamos sostener que dedicar tiempo a  nuestro ser no siempre apareja un resultado positivo, ya que el trabajo diario que realizamos sobre él puede ocasionar daño o peligro inminente de daño sobre nuestra persona o sobre terceros.


 

Trabajar, moldear, pulir nuestro ser puede aparejar resultados positivos o negativos, debido a que el trabajo diario si bien tiene una base objetiva de fondo, es típicamente subjetivo, ya que es nuestra mente la arquitecta de la obra.

Ésta es quien realiza los planos, la distribución de la estructura, la supervisión de la misma; es la que crea, modifica y extingue situaciones de hecho, cognitivas y en definitiva nuestra realidad. Por lo cual si el arquitecto no cuenta con las herramientas necesarias para realizar su cometido, o teniendo las mismas no sabe cómo utilizarlas, o incluso sabiendo hacerlo boicotea su propio arte por otro (por ejemplo: el del daño), aquel ser resultante va a ser otro no deseado (¿o sí?), y esto es algo en lo cual debemos detenernos y meditar.

¿Qué clase de arquitectos somos de nosotros mismos? ¿Cuánto tiempo al día dedicamos a la introspección? ¿Qué es lo que estamos puliendo y para qué? ¿Estamos trabajando positivamente para nuestro ser y para las personas que nos rodean? ¿Somos conscientes de nuestros pensamientos y acciones?

Para entender el fondo del asunto es necesario hacer hincapié en una cuestión que considero fundamental, y que a mi modo de ver, es la base del todo: El auto concepto.

Somos, respiramos, sudamos, nos alimentamos de auto concepto. Éste lo es todo. Incluso puedo afirmar que la base de las enfermedades mentales y consecuencias psicosomáticas tienen vinculación con un auto concepto tocado o disminuido, ya sea porque éste ocasiona o desencadena la enfermedad, o porque esta lo altera directamente.

Lo definimos como la opinión que una persona tiene sobre sí misma y el cómo los terceros lo piensan a uno(por ende el auto concepto es de naturaleza intelectual). Es decir, la etiqueta que nos ponemos a nosotros mismos, ya sea por cómo nos pensamos y/o como nos piensan terceros, que puede ser de carácter positiva o negativa.

Por lo cual, es muy importante tener presente que tipo de etiquetas nos colocamos a nosotros mismos e identificarlas. Sin embargo, también es fundamental tener presente que muchas de las etiquetas que cargamos en la espalda nos fueron colocadas cuando éramos niños,  adoptándolas como reales sin poder refutarlas o cuestionarlas racionalmente, simplemente las aceptamos y adquirimos como propias y verdaderas, por lo cual es muy útil y necesario identificarlas y hacernos responsables de su existencia y debido pulido, para no seguir reforzando conceptos erróneos a partir de percepciones y realidades falsas.

No quiero dejar de hacer mención a la conexión y efecto en cadena que el auto concepto tiene con el auto estima y la seguridad personal. Es muy importante para entender como funcionamos y como todo ello influye a la hora de trabajar nuestro ser.

La formula es la siguiente: a cuanto mayor auto concepto, mayor auto estima, y en consecuencia mayor seguridad personal.

Empero, la formula opera proporcionalmente de la misma forma cuando el auto concepto se encuentra tocado, es decir que va a repercutir negativamente a nuestro auto estima y en consecuencia a nuestra seguridad personal.

El auto estima es emocional, refiere a como nos afecta emocionalmente lo que los demás piensan de nosotros y lo que nosotros pensamos de nosotros mismos (como nos valoramos), a diferencia del auto concepto, que como ya expresamos supra es intelectual.

Por ende, podríamos decir que nuestras inseguridades son respuesta directa de nuestro etiquetamiento y como emocionalmente nos sentimos en respuesta a ello. Podríamos decir por ejemplo que un tercero daña nuestro auto estima, porque refuerza nuestro auto concepto previo, por lo cual ese tercero no es el gran responsable de nuestras dificultades, sino uno mismo a partir del pre concepto creado.

La Epigenética sostiene que el 80% de nuestra personalidad y forma de actuar, sentir y pensar es resultado de un conjunto de experiencias previas que determinaron la producción de reacciones químicas y otros procesos en nuestro organismo que incidieron directamente en nuestra secuencia genética  (por ende puede ser modificado si cambiamos nuestra realidad), y solo el 20% restante procede de lo genético per se (es decir, no puede modificarse).

Ahora bien, si nosotros somos responsables de nuestro auto concepto, también lo somos en forma previa y posteriori de nuestros pensamientos. Los de carácter negativo son alimento o combustible que refuerza o fija las etiquetas.

Por ende, también debemos de ser conscientes de nuestros pensamientos negativos y no juzgarlos, ya que al ser consciente de los mismos, si los juzgamos reforzamos su significado a nivel inconsciente, debido a la guerra interna entre consciente e inconsciente (detalle no menor), y pensar positivamente de forma consciente cuando dejamos de estar en el denominado periodo refractario, es decir aquel estado emocional mediante el cual solo pensamos unidireccionalmente en sintonía con la emoción negativa que experimentamos y que puede durar varios minutos, luego de la situación fáctica vivida. Por lo cual, los pensamientos positivos deben de ser elaborados conscientemente en un periodo donde no surjan negativos, ya que su negación los fortalece.

Por otro lado, es necesario referirnos también brevemente al vínculo entre nuestros pensamientos y nuestras emociones, así como también a estas y a nuestros estados de ánimo.

A pensamientos negativos, emociones negativas. Es una regla simple que de ser constante moldea nuestro estado de ánimo y nuestro temperamento.

Por ello debemos ser conscientes de la realidad que creamos, de nuestras percepciones y pensamientos, como de nuestras etiquetas. Es importante a los efectos de poder iniciar de forma consciente y planeada el trabajo en nuestro yo interior, en su pulido. De lo contrario sería un accionar a partir de una realidad que desconocemos, o peor, que creemos conocer en forma equivoca. Por lo cual sería un esfuerzo improductivo, o mal dirigido, basado en creencias erróneas o dañinas, a través de percepciones ficticias.

Sin embargo, si nuestra realidad se basa en un auto concepto tocado y somos conscientes de ello, el trabajo sobre nosotros va a ser más complicado que quien goza de un auto concepto elevado, pero de todos modos bien dirigido y fructífero.

En definitiva, es importante conocernos de verdad a los efectos de poder utilizar las herramientas que la vida nos brinda para pulir nuestro ser, de lo contrario estaríamos trabajando a ciegas sobre algo inexistente, y por ende equivocando el camino. Esto no se trata de trabajar en nosotros mismos por el mero hecho de trabajar, sino que se trata de hacerlo de la mejor forma posible para no hacernos daño, y es por ello que debemos comenzar a transitar el sendero de la introspección como medida preparatoria para comenzar a pulir el yo.

Deseo que el siguiente articulo sea una pequeña guía que lleve a la reflexión sobre el debido uso de las herramientas para el perfeccionamiento de la mente y el cuerpo humano.

Administremos los ruidos internos mediante “El Ruido silencioso”

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Cuando el ruido, es el ruido en el ruido.

El secreto es saber administrar el ruido; es que éste es la llama que nos hace ser seres racionales únicos, sui generis.

Empero, el ruido, que prevalece por insistencia, se arraiga casi de forma egoísta a nuestro ser y nos hunde en un mar consciente de amnesia, a tal punto que ni lo notamos, o siendo conscientes de ello lo confundimos con nuestra propia esencia, con parte de nosotros, que en si lo es, de algún modo artificial, por adhesión.

 

La clave está en que seamos conscientes de nuestros ruidos internos; es decir, de los pensamientos, ideas, preocupaciones, de la totalidad de las emociones que son propias del ser, ¿o no tanto?.

 

¿Qué es lo que piensan en este instante?, ¿y hace 10 o 15 minutos?, ¿su mente estaba centrada en el aquí y el ahora en un 100%?

El ruido es la actividad mental de cada uno de nosotros en cada instante y en todo momento, con todo lo que ello significa en cuanto a pensamientos y emociones constantes del devenir del día a día. Recuerdos del pasado, vivencias del presente o proyecciones a futuro, segundo a segundo.

¿Cuántas veces somos conscientes de esto? ¿Y de la importancia que ello tiene al momento de tomar decisiones? Una de las grandes consecuencias de éste, es que cuando no se puede contener interiormente, repercute exteriormente y se hace sentir, deja de ser un sonido inaudible y pasa a incidir no solo en relación a nosotros, sino también respecto de terceros, para bien o para mal, ya sea en forma medida o desmedida, dependiendo del grado de emoción que estos carguen.

Es por ello, que todos debemos de practicar el “ruido silencioso”, éste nos invita a reflexionar y administrar nuestras actividades mentales, como si fuese una especie de filtro de pensamientos y emociones; el primer y máximo control de nuestras posteriores acciones, y por ende de nuestra vida.

Éste ruido (el silencioso, pese a lo antagónico de su tautología) es el que debemos de aplicar dentro de nuestras capsulas (físicas y mentales).

No obstante ello, personalmente creo que la cuestión está en no conformarse con el solo hecho de generar un mutismo externo, dado que debemos comprender que el lenguaje es una exteriorización de los pensamientos internos, y si no trabajamos la paz desde dentro, por más que permanezcamos taciturnos al mundo exterior nos estaríamos en definitiva engañando diariamente.

Y estas situaciones estimados lectores, debemos de tenerlas presente en todo ámbito social. Aplicarlo en nuestras casas, en el trabajo, con los amigos, en definitiva con el prójimo, trabajando siempre en nosotros mismos a los efectos de profundizar nuestra practica y los gratos resultados de ésta.

Administrar nuestros pensamientos y emociones, y con ello nuestra concentración en el ahora, nos permite dejar de lado todo tipo de pensamientos virales o acciones instintivas que pueden desencadenar emociones negativas en lo interior o procederes vertiginosas en lo exterior de los cuales nos arrepentimos a diario demasiado tarde; no solo por como repercute en nosotros mismos, sino también respecto de terceros.

Como el ruido mental inadecuado es malo, entiendo que el silencio absoluto también lo es para el hombre, dado que el uso de la razón es imprescindible a los efectos de la intelección del todo. Por ello la importancia de saber gestionar nuestros bullicios internos con el objeto de conocernos definitivamente, ya que somos lo que pensamos, y una mente que encadena inconscientemente pensamientos, es algo de lo que preocuparnos y ocuparnos; comencemos a ser conscientes de ello, en definitiva de lo que somos.

Una vez logremos identificar todo aquello dispensable para nuestra mente, tendremos la gracia de concentrarnos en lo que deseemos, y cualquier distracción exterior o interior será detectada y controlada con mayor facilidad.

Reitero, el silencio (o “ruido silencioso”), no es la ausencia de ruido, es la consecuencia de la administración adecuada de los ruidos mentales.

El silencio nos permite concentrarnos en el aquí y en el ahora a los efectos de aprender. Debemos adjudicar un momento en el día donde si o si practicamos la administración de los ruidos en nuestra mente, sin pretextos, dejando de lado todo tipo de pensamiento mundano, no sin antes ser consciente de estos. Por otro lado, nos permite fortalecer nuestra tolerancia, ya que nos recuerda que todos somos parte de una unidad, con nuestros defectos, virtudes, y bienvenidas desigualdades, las que nos hacen seres únicos e irrepetibles.

Accede a que seamos personas más empáticas, ya que escuchamos con atención al prójimo, y reflexionamos, sin ningún tipo de prejuicio; enraizando así nuestros niveles de tolerancia.
Nos enseña que el momento justo para expresar nuestros ruidos internos al exterior, es también importante. Aprendemos que para todo hay un momento adecuado, respetando  tiempos y espacios.

Estimados lectores, a continuación los invito a reflexionar sobre:

  • Vuestros ruidos o silencios; como repercuten en nuestro ser, y como respondemos o actuamos a causa de ellos, en los diversos ámbitos de la vida.
  • Si nos gana la emoción pura o aquella que precede a la razón.
  • La importancia de ejercitar nuestro mundo interno, a modo de utilizar este beneficio en nuestro día a día; y con ello, no solo generar un ámbito placentero en nuestras vidas, sino también respecto de quienes nos rodean, y con ello, en definitiva aportar un granito de arena al mundo.

Les deseo lo mejor para sus vidas 🙂

 

¿POR QUE LOS DEJE A USTEDES?

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¿Por qué los dejé a ustedes?

Hoy me pregunto ¿Por qué los deje a ustedes?, ¿Cómo pude hacerlo?, de seguro fue por el hecho de adaptarme al mundo, es que queramos o no inconscientemente formamos parte de un “agujero negro” que todo lo ve, pero se caracteriza por ser en principio (y muchas veces, en definitiva) invisible a nuestros ojos. Sin embargo, ahí está, incólume, vestido con su mecanicismo inagotable, fuente formal de todos los velos ficticios que pecan de reales ante nuestra percepción del mundo como tal.

Padecemos la costosa inocencia de transitar y que nos paseen a su vez por los senderos del pasado y del futuro en forma continua, mientras nos alimentan con raciones de presente insípidas y fútiles.
El modo de vida acelerado que llevamos es entre muchas aristas producto de nuestra adaptación al mercado capitalista. Si, el problema no es el mercado, sino como nosotros no acoplamos a él.

Éste nos “vende” la idea de que cuanto más poseemos y cuanto más fácil nos resulta adquirir lo que pensamos que necesitamos, vamos a ser felices, o en última instancia a sentirnos mejor.

Nos quieren vender la felicidad abusando de los mecanismos de accesibilidad; cada vez los pasos son más cortos, pero los deseos más largos. Deseamos lo que no queremos y olvidamos lo que deseamos, es inaudito, pero real.

La felicidad no depende de las cosas, o de la acumulación de cosas. Quizás nos sentimos reconfortados y empalagados por pequeñas y engañosas muestras de “felicidad”, o porque no, alimento balanceado para nuestro vacío interno. Es como iniciar una carrera, en donde conocemos el punto de partida o de largada, pero no el de llegada, ya que las vueltas parecen ser infinitas, porque en sí los únicos competidores somos nosotros mismos. Si, corremos contra nosotros todo el tiempo, y cuando de verdad no sabemos lo que buscamos, es muy difícil llegar a la meta.
Debemos de ser conscientes de este “ritmo” de vida acelerado, y de que estamos, algunos más, otros menos, impregnados de la enfermedad de la búsqueda.

 

El hombre tiene la enfermedad de la búsqueda. Buscamos algo, y cuando lo encontramos, lo dejamos a un lado para seguir buscando otras cosas que nos llenen completamente. Otras veces, estamos tan automatizados que ni siquiera sabemos que estamos buscando, ¿algo loco, no?
Somos adictos a nuestras supuestas necesidades, en su mayoría ajenas del ser, pero impuestas como falso antídoto para el alma.

Una de las cosas buenas que tiene el escribir espontáneamente, es que uno lo hace desde lo auténtico del ser. Es pintar la hoja de texto a través de una cascada de letras que caen estrepitosamente en su lugar, con tal fuerza a veces que es posible y bienvenido desviarnos un poco de la idea principal. No obstante ello, siempre es posible retomar las riendas, como intento hacerlo ahora.

La vida acelerada lleva a que nos descuidemos los unos de los otros.

El Whats App (de esto venia el tema en sí, ja), al igual que las redes sociales, hijas del mercado al cual accedemos, nos deshumanizan.

Este nos permite entre muchas cosas ponernos en contacto (fácilmente) con cualquier persona o grupos de personas, en cualquier momento del día, los 365 días del año, en forma instantánea, con unos muy simples pasos. Es poder comunicarse con otro sin ningún tipo de impedimento, es tan sencillo que nos termina robotizando, y muchas veces a comportarnos de forma diversa a la que somos, ya que gozamos de la “ventaja” del no contacto directo o real. ¿Por qué? Porque nos lleva a ser menos empáticos, priorizamos a veces por temas de comodidad (o vaya a saber uno que) a relacionarnos virtualmente a través de mensajes de voz o de texto, sea cual sea el lugar donde estemos: El baño, nuestro trabajo, una cena familiar, etc.

Muchas veces dejamos de disfrutar lo que nos rodea solo por el hecho de regocijarnos con aquello que no está, si, no está presente, en forma estricta lo que hay somos nosotros con nuestro móvil, y más nada. Con esto no digo que en algunas ocasiones la distancia si es un factor válido para que podamos usar esta herramienta de forma productiva (pero no va de esto el fondo del asunto o la plataforma fáctica que vengo exponiendo, por ello lo pasaré por alto).

Además, cabe agregar que muchas veces cuando mantenemos una “conversación” por el móvil, nos encontramos realizando una gran cantidad de tareas que nos impiden darle a la otra persona la importancia que merece. Es un estar, pero no estar aterrador, ya que al no ser observados nos permite de alguna manera despersonificarnos o volvernos apáticos, como mencioné hace un ratito.

Como corolario de la práctica de esta forma de comunicación no verbal, o verbal carente de lenguaje corporal, dejamos de vernos en forma periódica con personas que queremos o amamos, como si fuese una sustitución simple y sin importancia.
Nos alegramos y festejamos conquistas, hechos o noticias alegres a distancia mediante la fría pantalla del celular, cuando en realidad espacialmente nos encontramos a pocos metros o kilómetros. Lo mismo sucede cuando nos entristecemos o amargamos por derrotas, hechos o noticias desagradables. Así nos privamos de reírnos y/o abrazarnos, o porque no llorar y/o contenernos mutuamente en “vivo y en directo”, sin barreras tecnológicas presentes.
Dejemos de ser seres tan pasivos en algunos aspectos de nuestras vidas y actuemos. ¡Vivamos!, ¡Pero de verdad!

Es por ello, que en el día de hoy dejé de usar Whats App. ¿Es exagerado? Depende, personalmente creo que hice lo mejor. Eso no quiere decir que sea la solución al problema, sino que lo que busco es que tengan consciencia de la situación y hagan un uso responsable de la herramienta, no sustituyendo lo caluroso de lo presencial por la fría comodidad de lo virtual. (No olviden invitarme para las fiestas, casamientos, cumpleaños de 15, DESPEDIDAS DE SOLTERO, o si quieren mantener una charla, fundirse en un simple abrazo, un oído con escucha activa que este ahí presente, o lo que crean necesario)

Por último, y para ir cerrando, me gustaría dejarte algunas preguntas planteadas:

¿A cuántas personas has dejado y no te diste cuenta?

¿Cuántos “abrazos” textuales son físicos?

¿Cuántos “Besos” tecleados son reales?

¿Cuántas risas son percibidas y compartidas en el mismo espacio físico?

¿Cuánto tiempo estás perdiendo, por no querer ganar tiempo de vida?

¿Cada cuánto tiempo estas pendiente del teléfono para saber si él o ella te escribe, pero no tomas la decisión de ir a verlo/a?

¿A cuántas personas has dejado de ver y sentir y aún no te diste cuenta de ello, porque los crees cercanos, cuando en realidad lo que tienes cerca es un aparato electrónico que los divide (salvando las excepciones mencionadas)?

Pensalo, hoy estas a tiempo…

Deseo lo mejor para tu día 🙂

No todo es lo que parece.

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Acerca de la verdad y la honestidad.

El presente post describe mis pensares y sentires resultantes de un todo empírico respecto de una realidad dada, observable a partir de mi verdad perceptiva; frutos aquellos de la experiencia de la vida misma, y el desarrollo de mis intelecciones personales.

¿Qué es la verdad?  ¿Existe una verdad universal?  ¿La verdad es pura?  ¿Se la puede conceptualizar en algo moral o ético?

A través del siguiente post expresaré porque las verdades son subjetivas, incluyendo claro está tú “verdad”, como una especie dentro del género madre.

Empero, ello no implica no poder calificar las verdades en ciertas, por lo menos dentro de un radio personal y directo. De ahí la importancia del trabajo interno a realizar cada uno consigo mismo y con los demás, a través de la herramienta de la honestidad, pilar fundamental o condición sine qua non para la formación consciente de una verdad finita, en cuanto a su alcance y contenido.

La verdad es consecuencia de la conexión entre lo racional y lo emocional en un tiempo y espacio determinado, es decir, el punto ubicado en la dualidad de los polos opuestos que conforman la estructura de la unidad que los contiene, ya que el todo es el todo en el todo. Es decir, el todo genérico es el conjunto de dualidades unitarias que son subespecies de éste, imprescindibles para su existencia.

Nuestra realidad es corolario de la percepción, por ende, es una creación humana. Mediante aquella los seres humanos obtenemos información, la procesamos, y finalmente la almacenamos en nuestra mente, no sin antes, vincularla a una emoción determinada. Así es como a partir de ello creamos prototipos, es decir, programamos nuestra mente a los efectos de que sí se nos presenta otra situación igual o parecida prejuzguemos, utilizando la información ya almacenada. Los prototipos crean a su vez estereotipos que refuerzan el prejuzgamiento, y por ende nuestra verdad subjetiva.

Es claro por ende que si dos personas experimentan un mismo hecho cada una de ellas lo va a percibir diferente, no solo porque existen muchas variables en cuanto a la realidad apreciada, sino también porque la emoción que va a experimentar cada una de ellas va a variar, ya que no todos reaccionamos emocionalmente igual a un determinado hecho. Por ende, ante un mismo hecho percibido surgen realidades divergentes válidas y verdaderas.

Ahora bien, cabe preguntarse si “la verdad” se encuentra ligada a la ética o lo moral. Esto es importante debido a que si entendemos que es así, la verdad pasaría a ser un dogma, ya que sería el resultado de una creación de terceros, transmitida a través de la experiencia y la cultura en la cual crecemos y nos desarrollamos.

Por ende, hay que ser conscientes de que somos en gran parte lo que percibimos, y por ello es importante entender como funcionamos los seres para ser más empáticos entre nosotros, y no querer prevalecer sobre los demás, a raíz de una “verdad” subjetiva, y eso en parte es tolerancia y unidad como todo.

“La verdad” no es ni buena ni mala, “la verdad” es, aunque no lo sea a la vez, y se puede asimilar (si lo que percibimos ya se encuentra depositado en algún lugar de nuestra memoria) o adecuar (si lo que percibimos es nuevo y no existe registro alguno, o habiéndolo amplia dicho registro o lo modifica).

Por lo tanto, debemos de concluir que la verdad como concepto de certeza absoluta es inválido, al menos desde una perspectiva ontológica, sino una creación del hombre para el hombre, en el sentido de lo moral o ético, a los efectos de poder lograr una convivencia pacífica.

¿Existe la verdad universal?

No, en si no existe como tal, y en caso de existir para uno, es relativa, ni siquiera absoluta. Y es relativa debido a que es una creación de la mente, como consecuencia de la experiencia vivida y adquirida por la percepción.

Entonces ¿Qué es la verdad?

La verdad no existe, pero podemos ser honestos con lo que pensamos y creemos, y ahí está la diferencia, en la convicción de lo que hacemos, arraigando nuestras actuaciones a lo que en definitiva nos hace mejores personas. Y para ello necesitamos herramientas, muchas veces una guía, una mano extendida que nos motive a actuar de acuerdo a lo que somos en esencia.

Por ello, la honestidad es eje fundamental de la verdad, no hay ésta sin aquella, ni camino a recorrer sin consecuencias muchas veces duras, fruto de la honestidad. Parecería difícil ser honesto con uno mismo, generalmente nos centramos en el exterior, buscamos la verdad afuera, cuando en realidad está adentro nuestro y nada más. Conocernos es un proceso arduo pero agradable a la vez, pero una vez avancemos en dicho itinerario, podremos poco a poco comenzar a modificar actitudes hacia el afuera, previo re descubrimiento.

Ser honesto es fácil, lo que resulta complicado son las consecuencias de serlo, pero si serlo es libertad y “verdad” propia, bienvenido sea.

Los problemas entre los hombres son el resultado de “verdades” divergentes, a raíz de percepciones también distintas. Es importante que cuando se nos presente un problema, lo ataquemos a él, y no a las personas detrás de este, ya que de ser así una de las partes del mismo perderá, cuando ambas pueden salir ganando.
Espero haya sido de su agrado mi parecer sobre “la verdad” y la importancia que tiene ésta no solo para entendernos a nosotros mismos, sino también para ser empáticos y entender a los demás y al mundo.

Invito a los lectores presentes a reflexionar sobre el alcance de “la verdad”, con todo lo que ello implica.

¡Les deseo un muy lindo día! 🙂