No todo es lo que parece.

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Acerca de la verdad y la honestidad.

El presente post describe mis pensares y sentires resultantes de un todo empírico respecto de una realidad dada, observable a partir de mi verdad perceptiva; frutos aquellos de la experiencia de la vida misma, y el desarrollo de mis intelecciones personales.

¿Qué es la verdad?  ¿Existe una verdad universal?  ¿La verdad es pura?  ¿Se la puede conceptualizar en algo moral o ético?

A través del siguiente post expresaré porque las verdades son subjetivas, incluyendo claro está tú “verdad”, como una especie dentro del género madre.

Empero, ello no implica no poder calificar las verdades en ciertas, por lo menos dentro de un radio personal y directo. De ahí la importancia del trabajo interno a realizar cada uno consigo mismo y con los demás, a través de la herramienta de la honestidad, pilar fundamental o condición sine qua non para la formación consciente de una verdad finita, en cuanto a su alcance y contenido.

La verdad es consecuencia de la conexión entre lo racional y lo emocional en un tiempo y espacio determinado, es decir, el punto ubicado en la dualidad de los polos opuestos que conforman la estructura de la unidad que los contiene, ya que el todo es el todo en el todo. Es decir, el todo genérico es el conjunto de dualidades unitarias que son subespecies de éste, imprescindibles para su existencia.

Nuestra realidad es corolario de la percepción, por ende, es una creación humana. Mediante aquella los seres humanos obtenemos información, la procesamos, y finalmente la almacenamos en nuestra mente, no sin antes, vincularla a una emoción determinada. Así es como a partir de ello creamos prototipos, es decir, programamos nuestra mente a los efectos de que sí se nos presenta otra situación igual o parecida prejuzguemos, utilizando la información ya almacenada. Los prototipos crean a su vez estereotipos que refuerzan el prejuzgamiento, y por ende nuestra verdad subjetiva.

Es claro por ende que si dos personas experimentan un mismo hecho cada una de ellas lo va a percibir diferente, no solo porque existen muchas variables en cuanto a la realidad apreciada, sino también porque la emoción que va a experimentar cada una de ellas va a variar, ya que no todos reaccionamos emocionalmente igual a un determinado hecho. Por ende, ante un mismo hecho percibido surgen realidades divergentes válidas y verdaderas.

Ahora bien, cabe preguntarse si “la verdad” se encuentra ligada a la ética o lo moral. Esto es importante debido a que si entendemos que es así, la verdad pasaría a ser un dogma, ya que sería el resultado de una creación de terceros, transmitida a través de la experiencia y la cultura en la cual crecemos y nos desarrollamos.

Por ende, hay que ser conscientes de que somos en gran parte lo que percibimos, y por ello es importante entender como funcionamos los seres para ser más empáticos entre nosotros, y no querer prevalecer sobre los demás, a raíz de una “verdad” subjetiva, y eso en parte es tolerancia y unidad como todo.

“La verdad” no es ni buena ni mala, “la verdad” es, aunque no lo sea a la vez, y se puede asimilar (si lo que percibimos ya se encuentra depositado en algún lugar de nuestra memoria) o adecuar (si lo que percibimos es nuevo y no existe registro alguno, o habiéndolo amplia dicho registro o lo modifica).

Por lo tanto, debemos de concluir que la verdad como concepto de certeza absoluta es inválido, al menos desde una perspectiva ontológica, sino una creación del hombre para el hombre, en el sentido de lo moral o ético, a los efectos de poder lograr una convivencia pacífica.

¿Existe la verdad universal?

No, en si no existe como tal, y en caso de existir para uno, es relativa, ni siquiera absoluta. Y es relativa debido a que es una creación de la mente, como consecuencia de la experiencia vivida y adquirida por la percepción.

Entonces ¿Qué es la verdad?

La verdad no existe, pero podemos ser honestos con lo que pensamos y creemos, y ahí está la diferencia, en la convicción de lo que hacemos, arraigando nuestras actuaciones a lo que en definitiva, nos hace mejores personas, y para ello necesitamos herramientas, muchas veces una guía, una mano extendida que nos motive a actuar de acuerdo a lo que somos en esencia.

Por ello, la honestidad es eje fundamental de la verdad, no hay ésta sin aquella, ni camino a recorrer sin consecuencias muchas veces duras, fruto de la honestidad. Parecería difícil ser honesto con uno mismo, generalmente nos centramos en el exterior, buscamos la verdad afuera, cuando en realidad está adentro nuestro y nada más. Conocernos es un proceso arduo pero agradable a la vez, pero una vez avancemos en dicho itinerario, podremos poco a poco comenzar a modificar actitudes hacia el afuera, previo re descubrimiento.

Ser honesto es fácil, lo que resulta complicado son las consecuencias de serlo, pero si serlo es libertad y “verdad” propia, bienvenido sea.

Los problemas entre los hombres son el resultado de “verdades” divergentes, a raíz de percepciones también distintas. Es importante que cuando se nos presente un problema, lo ataquemos a él, y no a las personas detrás de este, ya que de ser así una de las partes del mismo perderá, cuando ambas pueden salir ganando.
Espero haya sido de su agrado mi parecer sobre “la verdad” y la importancia que tiene ésta no solo para entendernos a nosotros mismos, sino también para ser empáticos y entender a los demás y al mundo.

Invito a los lectores presentes a reflexionar sobre el alcance de “la verdad”, con todo lo que ello implica.

¡Les deseo un muy lindo día! 🙂

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