¿POR QUE LOS DEJE A USTEDES?

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¿Por qué los dejé a ustedes?

Hoy me pregunto ¿Por qué los deje a ustedes?, ¿Cómo pude hacerlo?, de seguro fue por el hecho de adaptarme al mundo, es que queramos o no inconscientemente formamos parte de un “agujero negro” que todo lo ve, pero se caracteriza por ser en principio (y muchas veces, en definitiva) invisible a nuestros ojos. Sin embargo, ahí está, incólume, vestido con su mecanicismo inagotable, fuente formal de todos los velos ficticios que pecan de reales ante nuestra percepción del mundo como tal.

Padecemos la costosa inocencia de transitar y que nos paseen a su vez, por los senderos del pasado y del futuro en forma continua, mientras nos alimentan con raciones de presente insípidas y fútiles.
El modo de vida acelerado que llevamos es entre muchas aristas, producto de nuestra adaptación al mercado capitalista. Si, el problema no es el mercado, sino como nosotros no acoplamos a él.

Éste nos “vende” la idea de que cuanto más poseemos y cuanto más fácil nos resulta adquirir lo que pensamos que necesitamos, vamos a ser felices, o en última instancia a sentirnos mejor.

Nos quieren vender la felicidad abusando de los mecanismos de accesibilidad; cada vez los pasos son más cortos, pero los deseos más largos. Deseamos lo que no queremos y olvidamos lo que deseamos, es inaudito, pero real.

La felicidad no depende de las cosas, o de la acumulación de cosas. Quizás, nos sentimos reconfortados y empalagados por pequeñas y engañosas muestras de “felicidad”, o porque no, alimento balanceado para nuestro vacío interno. Es como iniciar una carrera, en donde conocemos el punto de partida o de largada, pero no el de llegada, ya que las vueltas parecen ser infinitas, porque en sí los únicos competidores somos nosotros mismos. Si, corremos contra nosotros todo el tiempo, y cuando de verdad no sabemos lo que buscamos, es muy difícil llegar a la meta.
Debemos de ser conscientes de este “ritmo” de vida acelerado, y de que estamos, algunos más, otros menos, impregnados de la enfermedad de la búsqueda.

 

El hombre tiene la enfermedad de la búsqueda. Buscamos algo, y cuando lo encontramos, lo dejamos a un lado para seguir buscando otras cosas que nos llenen completamente. Otras veces, estamos tan automatizados que ni siquiera sabemos que estamos buscando, ¿algo loco, no?
Somos adictos a nuestras supuestas necesidades, en su mayoría ajenas del ser, pero impuestas como falso antídoto para el alma.

 

Una de las cosas buenas que tiene el escribir espontáneamente, es que uno lo hace desde lo auténtico del ser. Es pintar la hoja de texto a través de una cascada de letras que caen estrepitosamente en su lugar, con tal fuerza a veces que es posible y bienvenido desviarnos un poco de la idea principal. No obstante ello, siempre es posible retomar las riendas, como intento hacerlo ahora.

La vida acelerada lleva a que nos descuidemos los unos de los otros.

El Whats App (de esto venia el tema en sí, ja), al igual que las redes sociales, hijas del mercado al cual accedemos, nos deshumanizan.

Este nos permite entre muchas cosas ponernos en contacto (fácilmente) con cualquier persona o grupos de personas, en cualquier momento del día, los 365 días del año, en forma instantánea, con unos muy simples pasos. Es poder comunicarse con otro sin ningún tipo de impedimento, es tan sencillo que nos termina robotizando, y muchas veces a comportarnos de forma diversa a la que somos, ya que gozamos de la “ventaja” del no contacto directo o real. ¿Por qué? Porque nos lleva a ser menos empáticos, priorizamos a veces por temas de comodidad (o vaya a saber uno que) a relacionarnos virtualmente a través de mensajes de voz o de texto, sea cual sea el lugar donde estemos: El baño, nuestro trabajo, una cena familiar, etc.

Muchas veces dejamos de disfrutar lo que nos rodea solo por el hecho de regocijarnos con aquello que no está, si, no está presente, en forma estricta lo que hay somos nosotros con nuestro móvil, y más nada. Con esto no digo que en algunas ocasiones la distancia si es un factor válido para que podamos usar esta herramienta de forma productiva (pero no va de esto el fondo del asunto o la plataforma fáctica que vengo exponiendo, por ello lo pasaré por alto).

Además, cabe agregar que muchas veces cuando mantenemos una “conversación” por el móvil, nos encontramos realizando una gran cantidad de tareas que nos impiden darle a la otra persona la importancia que merece. Es un estar, pero no estar aterrador, ya que al no ser observados nos permite de alguna manera despersonificarnos o volvernos apáticos, como mencioné hace un ratito.

Como corolario de la práctica de esta forma de comunicación no verbal, o verbal carente de lenguaje corporal, dejamos de vernos en forma periódica con personas que queremos o amamos, como si fuese una sustitución simple y sin importancia.
Nos alegramos y festejamos conquistas, hechos o noticias alegres a distancia mediante la fría pantalla del celular, cuando en realidad espacialmente nos encontramos a pocos metros o kilómetros. Lo mismo sucede cuando nos entristecemos o amargamos por derrotas, hechos o noticias desagradables. Así nos privamos de reírnos y/o abrazarnos, o porque no llorar y/o contenernos mutuamente en “vivo y en directo”, sin barreras tecnológicas presentes.
Dejemos de ser seres tan pasivos en algunos aspectos de nuestras vidas y actuemos. Vivamos!, pero de verdad!

Es por ello, que en el día de hoy deje de usar Whats App. ¿Es exagerado? Depende, personalmente, creo que hice lo mejor. Eso no quiere decir que sea la solución al problema, sino que lo que busco es que tengan consciencia de la situación y hagan un uso responsable de la herramienta, no sustituyendo lo caluroso de lo presencial por la fría comodidad de lo virtual. (No olviden invitarme para las fiestas, casamientos, cumpleaños de 15, DESPEDIDAS DE SOLTERO, o si quieren mantener una charla, fundirse en un simple abrazo, un oído con escucha activa que este ahí presente, o lo que crean necesario)

Por último, y para ir cerrando, me gustaría dejarte algunas preguntas planteadas:

¿A cuántas personas has dejado y no te diste cuenta?

¿Cuántos “abrazos” textuales son físicos?

¿Cuántos “Besos” tecleados son reales?

¿Cuántas risas son percibidas y compartidas en el mismo espacio físico?

¿Cuánto tiempo estás perdiendo, por no querer ganar tiempo de vida?

¿Cada cuánto tiempo estas pendiente del teléfono para saber si él o ella te escribe, pero no tomas la decisión de ir a verlo/a?

¿A cuántas personas has dejado de ver y sentir y aún no te diste cuenta de ello, porque los crees cercanos, cuando en realidad lo que tienes cerca es un aparato electrónico que los divide (salvando las excepciones mencionadas)?

Pensalo, hoy estas a tiempo…

Deseo lo mejor para tu día 🙂

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