El don de la mortalidad

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“Cuando te bañas piensas en el desayuno.

Cuando desayunas, piensas en el trabajo.

En el trabajo, piensas en la salida.

Saliendo, piensas en llegar a casa.

Estando en casa, piensas en el día de mañana.

Hoy, no has estado presente.

Hoy, no has vivido el ahora.

Te estas perdiendo de la vida misma.”

ECKHART TOLLE

Ser mortal es un don que la naturaleza nos dio para disfrutar del día a día como si fuese el último (quizás lo sea), pero desgraciadamente debido al ritmo de vida desenfrenado que llevamos, más la fuerte identificación con nuestro “ego inmortal”, vivimos en un mundo paralelo irresponsable para nuestro ser, como para con nuestra vida, y la de terceros.

Es por ello que creamos una burbuja de inmortalidad ficticia que la pensamos indestructible, pero sin embargo es tan mortal y frágil como nosotros, solo basta pincharla para que todo se derrumbe sin más.

Quizás esto suceda por el miedo a la muerte, única verdad absoluta que conoce el hombre, pero que niega constantemente o no quiere pensar como algo real y cierto.

La cuestión de vivir así es que no solo agravamos o potenciamos “problemas” fútiles o insignificantes, sino que también dejamos de ser nosotros, como si las posibilidades fuesen “Ad eternum”.

No peleamos por lo que queremos de verdad, pero nos conformamos con planes b, c o d, con total de no enfrentar nuestros problemas, la mayoría de las veces patológicos, ya que se presentan a través de desordenes cognitivos no trabajados.

El arrepentimiento por no actuar genera enojo con uno mismo, ansiedad, seguida posteriormente por estrés, y en algunas ocasiones por los difíciles estados depresivos de la mente. ¿No queremos vivir así verdad? Entonces debemos enfrentar nuestra “realidad” y poner las cosas en su sitio, ya que la vida está hecha para disfrutarla, no para lamentarse.
Una vez que somos conscientes de la mortalidad de nuestro ser, podemos cambiar la perspectiva de vida y lanzarnos a bucear los mares de la tranquilidad y la paz mental que merecemos, disfrutando así del ahora, lo único existente.

Por otra parte, vivir en la inmortalidad nos hace personas menos empáticas y más egoístas, ya que el tiempo que invertimos en nuestros viajes hacia el pasado y al futuro alimentados con el combustible de la ansiedad y la preocupación, se lo quitamos al mundo y a las personas que más queremos o que necesitan de ayuda. El altruismo y la gratificación son dos herramientas indispensables para conectar con la mortalidad, y ésta con el todo.

En definitiva, es esencial ser conscientes de nuestra mortalidad y aceptarla, tener presente que en un momento incierto vamos a abandonar este mundo, y por lo tanto, debemos de vivir el presente con alegría y entusiasmo, desplegando todo nuestro amor.

Vivir el día a día no quiere decir que dejemos atrás nuestras responsabilidades (claro está), el estrés y/o la ansiedad, ya que estos son necesarios para nuestra supervivencia, al ser de carácter adaptativos. Lo que debemos evitar son los problemas, miedos y preocupaciones patológicas. Es por ello, que debemos de trabajar cada día para lograr los niveles más óptimos de vida a nivel espiritual, mental y corporal, sabiendo que lo que se disfruta fundamentalmente es el camino hacia la realización; y tener claro que si bien la meta es importante, el trayecto hacia ella lo es todo, día a día, momento a momento.

El tiempo es ahora, ¡vivir al máximo depende exclusivamente de vos!

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